Sismos en el Perú: ¿tu edificación está preparada para el próximo terremoto?

En LAMA INGENIEROS creemos que la información técnica no debería ser exclusiva de los especialistas. En este artículo usaremos un lenguaje amigable y evitaremos los tecnicismos densos para que cualquier persona — sea ingeniero, empresario, funcionario público o jefe de familia — pueda comprenderlo. Nuestro objetivo es contribuir con información clara que ayude a la sociedad a tomar mejores decisiones sobre la seguridad de sus edificaciones.

Ing. Rafael Lama L.

4/4/202610 min read

Vivimos sobre una zona de guerra geológica

Debajo del océano Pacífico, frente a nuestras costas, ocurre algo que no podemos ver pero que define nuestra realidad como país: dos enormes bloques de la corteza terrestre — la placa de Nazca y la placa Sudamericana — están en un choque permanente. La placa de Nazca se desplaza hacia el continente y se introduce por debajo de la placa Sudamericana en un proceso que la geología llama subducción. Este movimiento ocurre a una velocidad promedio de 7 a 8 centímetros por año. Parece poco, pero a escala geológica es una fuerza colosal.

Imaginemos dos bloques de concreto gigantes presionándose uno contra el otro. Durante años no pasa nada visible: se empujan, se traban, acumulan tensión. Pero en algún momento, la resistencia se vence y toda esa energía contenida se libera de golpe. Eso es un terremoto.

El Perú se encuentra dentro del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, una franja de aproximadamente 40,000 kilómetros que bordea el océano Pacífico y donde se concentra alrededor del 81% de los sismos más intensos registrados en el planeta. No es casualidad que Chile, Japón, Indonesia y Turquía — todos ubicados sobre esta franja — sean países con una historia sísmica severa. El Perú comparte esa misma condición geológica.

Dicho de manera directa: no vivimos en un país que podría temblar. Vivimos en un país que va a temblar. La pregunta no es si ocurrirá un sismo grande, sino cuándo.

El silencio sísmico: cuando la calma es la peor señal

Existe un concepto que los científicos llaman silencio sísmico o laguna sísmica. Se refiere a una zona que, pese a estar rodeada de regiones con actividad sísmica reciente, no ha registrado un terremoto importante durante un periodo prolongado de tiempo. Lejos de ser una buena noticia, este silencio significa que la energía se sigue acumulando sin liberarse.

Lima y la costa central del Perú arrastran un silencio sísmico de casi 280 años.

El último gran terremoto en Lima ocurrió el 28 de octubre de 1746. Esa noche, a las 10:30 p.m., un sismo de magnitud estimada entre 8.8 y 9.0 destruyó prácticamente toda la ciudad. De las 3,000 casas que existían dentro de las murallas de Lima, solo 25 quedaron en pie — y luego tuvieron que ser demolidas. Media hora después, un tsunami con olas de hasta 20 metros arrasó el puerto del Callao. De sus aproximadamente 5,000 habitantes, solo sobrevivieron 200 personas.

Desde entonces — desde 1746 — Lima no ha experimentado un sismo de esa magnitud. Han pasado terremotos importantes, como los de 1966, 1970, 1974 y 2007 (Pisco), pero ninguno ha liberado la energía acumulada en la costa central. El Instituto Geofísico del Perú (IGP) ha sido enfático en este punto: los sismos de magnitud 4 o 5 que sentimos periódicamente no reducen el riesgo. Esa energía solo se libera con un terremoto de magnitud superior a 8.

Para ponerlo en perspectiva: en Chile, una laguna sísmica similar a la nuestra — que venía desde 1835 — se rompió en 2010 con un terremoto de magnitud 8.8 que causó destrucción masiva. En Turquía, la acumulación de energía en la Falla de Anatolia del Norte produjo en 2023 un terremoto devastador. Expertos peruanos han señalado que la situación de Lima tiene similitudes preocupantes con ambos casos.

¿Qué tan grave puede ser?

Los números que manejan las instituciones técnicas son duros pero necesarios de conocer.

Según informes de INDECI, un terremoto de magnitud 8.8 con epicentro frente a la costa central podría dejar más de 83,000 personas fallecidas y cerca de 4.7 millones de damnificados. La Cámara Peruana de la Construcción (CAPECO) estima la destrucción de más de 550,000 edificaciones solo en Lima.

Estas no son cifras alarmistas. Son escenarios de planificación que usan las propias instituciones del Estado para diseñar simulacros y planes de respuesta. Los simulacros nacionales se basan en un escenario de magnitud 8.8 precisamente porque es lo que la ciencia proyecta como probable.

La norma sísmica peruana: no todas las edificaciones son iguales

En el Perú, la Norma Técnica E.030 "Diseño Sismorresistente" — que forma parte del Reglamento Nacional de Edificaciones — establece las reglas mínimas que debe cumplir toda edificación para resistir sismos. Esta norma clasifica las edificaciones en categorías según su importancia y el riesgo que representan para la sociedad:

Edificaciones Esenciales (Categoría A): Son aquellas cuya función no debe interrumpirse después de un sismo severo. Aquí están los hospitales, estaciones de bomberos, cuarteles de policía, plantas de agua potable, centrales eléctricas y aeropuertos. También entran los colegios, universidades e institutos, porque deben servir de refugio tras un desastre. Se incluyen fábricas y depósitos de materiales inflamables o tóxicos, cuyo colapso representaría un riesgo adicional. A estas edificaciones se les exige el mayor nivel de resistencia sísmica.

Edificaciones Importantes (Categoría B): Donde se reúne gran cantidad de personas. Cines, teatros, estadios, centros comerciales, terminales de transporte, establecimientos penitenciarios, museos y bibliotecas. También grandes almacenes de abastecimiento. La exigencia sísmica es alta, aunque un escalón por debajo de las esenciales.

Edificaciones Comunes (Categoría C): Viviendas, oficinas, hoteles, restaurantes, depósitos e instalaciones industriales cuya falla no genere peligros adicionales. Es la categoría donde se encuentra la mayoría de construcciones del país.

¿Por qué esto importa para usted? Porque su casa, la oficina donde trabaja, el colegio donde estudian sus hijos, el centro comercial donde pasa los fines de semana, la nave industrial donde opera su negocio — todas estas edificaciones debieron ser diseñadas cumpliendo un nivel específico de resistencia sísmica según su categoría. La pregunta incómoda es: ¿realmente lo cumplieron?

La realidad de la construcción en el Perú

Y aquí llegamos al punto que nadie quiere enfrentar.

Según un estudio del Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE), siete de cada diez viviendas en el Perú urbano han sido autoconstruidas. El 94% de esas viviendas fueron edificadas únicamente por maestros de obra, sin estudios de suelos, sin planos estructurales y sin la supervisión de un ingeniero. Hace una década, esa cifra era del 70%. Es decir, el problema no solo persiste — está creciendo.

En Lima y Callao, el 69% de las viviendas son autoconstruidas. Solo el 6% de la autoconstrucción en Lima consultó a un profesional de ingeniería en algún momento del proceso. La Cámara Peruana de la Construcción estima que a nivel nacional, el 80% de las viviendas son informales, y de ese porcentaje, la mitad sería altamente vulnerable a un terremoto de alta intensidad.

Lo paradójico es que la autoconstrucción resulta, en promedio, un 33% más cara por metro cuadrado que la construcción formal. Las familias no solo construyen inseguro — pagan más por hacerlo.

Más del 60% de las viviendas en Lima requiere algún tipo de reforzamiento para no colapsar ante un sismo de gran magnitud.

Estas cifras no son un juicio a las familias que autoconstruyen. Son el reflejo de un sistema que no ha logrado garantizar acceso a vivienda formal y segura. Pero la realidad geológica no espera a que el sistema se corrija: el sismo viene, y la edificación responde como fue construida — no como quisiéramos que responda.

¿Tu edificación está lista? Lo que no se ve es lo que más importa

Muchos propietarios creen que si su edificación "se ve bien" o "no tiene grietas", entonces está preparada para un sismo. Esa es una suposición peligrosa.

La verdadera vulnerabilidad de una edificación no está en lo que se ve en la superficie. Está en cómo fue concebida, diseñada y construida. Está en decisiones que se tomaron — o que no se tomaron — antes de colocar el primer ladrillo. Y muchas veces, está en cosas que el propietario nunca se detuvo a preguntar.

Le proponemos un ejercicio de reflexión. Tómese unos minutos para responder con honestidad estas preguntas sobre su edificación:

¿En qué año se diseñó y construyó?

Las normas sísmicas peruanas han evolucionado significativamente a lo largo de las décadas. No es lo mismo una edificación diseñada bajo las normas de 1977 que una diseñada con la norma vigente de 2018. Cada actualización incorporó lecciones aprendidas de terremotos reales — Pisco 2007, Arica 2001, Kobe 1995, Chile 2010 — y elevó las exigencias de diseño. Una edificación antigua no necesariamente fue "mal hecha" para su época, pero los criterios con los que se diseñó pueden estar muy por debajo de lo que hoy se considera seguro. La ciencia sísmica avanzó; la pregunta es si su edificación avanzó con ella.

¿Se hizo un estudio de suelos antes de construir?

El suelo es el primer eslabón de la cadena de seguridad de cualquier estructura. No es lo mismo construir sobre roca que sobre arena suelta o sobre un relleno. El suelo puede amplificar o atenuar las ondas sísmicas, y su comportamiento define en gran parte cómo responderá la edificación durante un terremoto. Sin un estudio de suelos, el diseño de la cimentación es, en el mejor de los casos, una estimación; en el peor, una apuesta. Es como recetar un tratamiento médico sin hacerle exámenes al paciente.

¿Hubo un ingeniero estructural detrás del diseño?

No un maestro de obra experimentado. No un arquitecto trabajando solo. No un plano copiado de una casa vecina. Un ingeniero estructural es el profesional que calcula las fuerzas que un sismo le impondría a la edificación y dimensiona cada columna, cada viga, cada cimiento para resistirlas. Sin ese cálculo, la estructura es producto de la intuición y la costumbre — no de la ingeniería.

¿Se respetó el diseño durante la construcción?

Este es un punto crítico que rara vez se discute. Muchas edificaciones sí tuvieron un diseño estructural, pero durante la obra se hicieron "ajustes": se redujeron dimensiones de columnas para ganar espacio, se usó menos acero del especificado, se cambió el tipo de ladrillo por uno más barato, se eliminó una viga porque "estorbaba". Cada una de esas decisiones compromete la capacidad de la estructura para resistir lo que fue diseñada para soportar. Un plano que no se respeta es como un plano que no existe.

¿Se le han añadido pisos o ampliaciones no contemplados en el diseño original?

Esta es una de las situaciones más comunes y más peligrosas. Una edificación diseñada para dos pisos no tiene la capacidad estructural para soportar cuatro. Las columnas, las vigas, la cimentación — todo fue calculado para un peso y una configuración específicos. Cada piso agregado sin un recálculo estructural es carga adicional que la estructura no estaba preparada para recibir. Y esa carga extra no solo actúa hacia abajo por gravedad: durante un sismo, se convierte en fuerza lateral que puede superar ampliamente la resistencia de los elementos estructurales.

¿Tu edificación está sobre suelo firme, arenoso o de relleno?

Los mapas de microzonificación sísmica elaborados por el CISMID y el Ministerio de Vivienda identifican zonas de Lima con suelos altamente vulnerables: Villa El Salvador, Chorrillos, Villa María del Triunfo, Ventanilla, Ancón, Santa Rosa y las zonas en ladera de Carabayllo, San Juan de Lurigancho, Independencia y Ate, entre otras. En estas zonas, el suelo blando amplifica el movimiento sísmico, incrementando el daño potencial. Si su edificación está en una de estas zonas, la pregunta sobre su capacidad estructural se vuelve aún más urgente.

¿Alguna vez un especialista ha evaluado su estado estructural actual?

Y con esto no nos referimos a la inspección municipal de rutina que se realiza para obtener un certificado de defensa civil o una licencia de funcionamiento. Tampoco a la revisión visual que hace un técnico como parte de un trámite administrativo. Esas inspecciones verifican formalidad — cumplen con el papel. No evalúan resistencia.

Una evaluación estructural real la realiza un ingeniero estructural que analiza la concepción del diseño, verifica las condiciones actuales de los elementos resistentes, revisa si la edificación cumple con los criterios de la norma sísmica vigente y emite un diagnóstico técnico fundamentado. Es la diferencia entre un chequeo médico de verdad y simplemente preguntarle a alguien "¿te sientes bien?".

Tener licencia de construcción, haber pasado inspecciones o tener los papeles al día no es garantía de seguridad estructural. Esos trámites verifican cumplimiento administrativo, no resistencia sísmica. La única forma de saber si su edificación está preparada para un sismo severo es que un especialista la evalúe con criterio técnico real.

La prevención no es un gasto: es la inversión más importante

No podemos controlar cuándo ocurrirá el próximo gran sismo. Pero sí podemos conocer el estado real de nuestras edificaciones y tomar decisiones informadas.

Una evaluación estructural profesional no es un lujo reservado para grandes empresas o edificios corporativos. Es una herramienta de diagnóstico que cualquier propietario — de una vivienda, un local comercial, una nave industrial, un colegio, un centro de salud — puede y debería solicitar. Su costo es una fracción mínima comparada con el valor de la edificación, y es absolutamente insignificante comparado con el costo de un colapso.

El silencio sísmico de Lima no va a durar para siempre. La energía acumulada durante casi 280 años se va a liberar. Cuando eso ocurra, cada edificación responderá exactamente como fue construida. No habrá segunda oportunidad para corregir lo que se hizo mal.

La pregunta que le dejamos es simple: ¿usted sabe cómo va a responder la suya?

Referencias:

  • Instituto Geofísico del Perú (IGP) — Mapa de Acoplamiento Sísmico y declaraciones de Hernando Tavera, presidente ejecutivo.

  • Centro Peruano Japonés de Investigaciones Sísmicas y Mitigación de Desastres (CISMID - UNI).

  • Norma Técnica E.030 "Diseño Sismorresistente" — Reglamento Nacional de Edificaciones.

  • Cámara Peruana de la Construcción (CAPECO).

  • Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE) — Estudio sobre autoconstrucción en el Perú, 2023.

  • Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI).

  • Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS).